A pesar de vivir casi toda la vida cerca del cementerio jamas termina uno de habituarse al drama de la muerte.
Ver pasar periódicamente cortejos fúnebres, escuchar la letanía de los deudos llorando, el sonido melancólico de las trompetas de la banda de música que sigue el sepelio, el penetrante olor a crisantemo o como quiera se llamen las flores que llevan los coches encima del capó; en fin toda la parafernalia que acompaña ese momento y nunca deja de ser una escena triste.
Frente a la casa han pasado numerosos entierros, algunos de desconocidos, otros de vecinos y hasta de amigos de la infancia. Jamas de algun enemigo, de hecho creo no tenerlos.
Lo cierto es que algún día irremediablemente me tocará a mi ser a quien lleven en hombros. Espero que falte mucho tiempo para ese momento, por cierto.
La música es cortesía de la Brass Band Music from New Orleans

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