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La rockola

Hay canciones que lo trasladan a uno a tiempos de otrora donde todo aparentemente era menos complicado.

Cada vez que escucho algún viejo vallenato o una rancia guaracha de inmediato me viene a la memoria la rockola del bar de Doña Eva, el barrio, los vecinos, los amigos de la infancia, mi familia. Todo un cumulo de recuerdos.

Durante casi toda la infancia y adolescencia estuve escuchando la rockola retumbar estridente desde primeras horas de la mañana hasta bien entrada la noche, con sus vallenatos, sus guarachas y canciones llaneras.


En carnaval la sacaban para la calle y le eliminaban la opción de tener que insertarle dinero para que tocase música, y se formaba la parranda. No se si aun funciona, pero alguno de los hijos de la señora debería resguardarla para evitar que se dañe, de hacerlo muchos lo lamentaríamos.

La canción se llama la guacherna interpretada por “Milly y los vecinos”.

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Insania mental

De adolescente mi mayor temor era perder la cordura, imagino que ello se debió de tanto pensar en una tía abuela, que cada cierto tiempo le daban ataques de locura.

Un día soñé que había enloquecido y tuve el infortunio de leer en un libro de interpretaciones de sueños que eso significaba que era propenso a la locura, a pesar de no ser muy creyente debo admitir que mi preocupación aumentó a raíz de ese incidente.

No fue hasta que cumplí treinta años de edad que respire con alivio, no se donde leí que hasta esa edad se corría el riesgo de perder la razón.

Hoy todo me parece tan ridículo.

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La casa parroquial

Siendo un liceista una compañera de estudios se me acercó un día, mientras estaba junto a otros compañeros en las afueras del instituto, para invitarme a una reunión que se iba a llevar a cabo en la casa parroquial aquella tarde. Ella no me explico de que se trataba la reunión y yo tampoco creí necesario preguntarle.

Asistí puntualmente tal como se lo había prometido; al pasar frente a la iglesia me conseguí con un amigo de la primaria le pedí que me acompañara y entramos juntos a la sede de la parroquia. La reunión fue dirigida por una monja, además de la chica del liceo había otro grupo de personas jovenes, creo que era una congregación religiosa o algo así. Luego de presentarnos y saludar a los presentes la monja comenzó una sesión de oración, al terminar ella de rezar cada uno de los participantes debía decir una oración en voz alta.

No se que mosca me picó pero me dio un ataque de risas; como estábamos en penumbras y con los ojos cerrados los abrí y vi a mi amigo que también estaba riéndose. El abrió los ojos me hizo señas para salirnos, nos levantamos sin hacer ruido y caminamos rápido hasta la salida, ya en la puerta arrancamos a correr hasta la plaza Bolívar que queda frente a la iglesia.

Luego de esto me daba una pena con la chica, no me atrevía a mirarla a la cara; no se si por fortuna pero ella se cambió para un liceo publico y no nos volvimos a ver, pudiendo así seguir con mi vida estudiantil.

Hoy viendo hacia atrás me doy cuenta de la estupidez de ese y otros de mis actos, ademas de cuantas cosas positivas terminé privándome por andar de chistoso.