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Camino al cementerio

A pesar de vivir casi toda la vida cerca del cementerio jamas termina uno de habituarse al drama de la muerte.

Ver pasar periódicamente cortejos fúnebres, escuchar la letanía de los deudos llorando, el sonido melancólico de las trompetas de la banda de música que sigue el sepelio, el penetrante olor a crisantemo o como quiera se llamen las flores que llevan los coches encima del capó; en fin toda la parafernalia que acompaña ese momento y nunca deja de ser una escena triste.

Frente a la casa han pasado numerosos entierros, algunos de desconocidos, otros de vecinos y hasta de amigos de la infancia. Jamas de algun enemigo, de hecho creo no tenerlos.

Lo cierto es que algún día irremediablemente me tocará a mi ser a quien lleven en hombros. Espero que falte mucho tiempo para ese momento, por cierto.

La música es cortesía de la Brass Band Music from New Orleans

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Mi primera vez

Los hijos del Capitán Grant fue el primer libro que recuerdo haber leído.

Tendría en ese entonces unos diez años de edad; no recuerdo exactamente como llegó a mis manos, me gusta imaginar que fue de una forma mágica;  solo se que lo leí varias veces seguida de lo mucho que me gustó.

A partir de allí comenzó una especie de manía en mi, la de leer cualquier cosa que tuviese tapa y varias paginas llenas de contenido. Desde  algunos de los clásicos de la literatura universal hasta  novelitas rosa de Corín Tellado, todo lo que caía en mis manos lo leía con voracidad.

Hasta que una vez una chica me tocó el hombro mientras leía una revista y me dijo, palabras mas palabras menos, que dejara de leer tanto porque iba a perder la razón.  Por increíble que parezca esa simple frase me hizo cavilar y terminé viendo como tiempo perdido el dedicado a la lectura, en consecuencia durante varios años ( en realidad demasiados) no volví a tocar un libro.

Hoy día he retomado la lectura, aunque sin la  avidez de los primeros tiempos, y ahora se que no fue tiempo perdido.

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Esos locos maestros

Esos locos que enseñan. Yo los conozco. Los he visto muchas veces. Son raros. Algunos salen temprano por la mañana y están en el cole una hora antes, otros salen del cole una hora más tarde porque tienen entrevistas con los padres que trabajan y no pueden acudir a otra hora, otros recorren todos los días más de 100Km de ida y otros tantos de vuelta. Llueva o truene llegan al trabajo. Están locos.

En verano les dan vacaciones, pero no se desconectan del todo, piensan en sus clases, preparan tareas para el semestre siguiente. En invierno hablan mucho, siempre llevan caramelos de miel y limón en los bolsillos, otros con una botella de agua a su lado. Su garganta siempre está dolorida, pero siguen enseñando, siempre fuerzan su voz, pero siguen transmitiendo sus conocimientos con cariño e ilusión.

Yo los he visto, no están bien de la cabeza. Salen de excursión con sus alumnos y se encargan de gestionar autorizaciones, recogida de dinero y responsabilidad extra.

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