Los hijos del Capitán Grant fue el primer libro que recuerdo haber leído.
Tendría en ese entonces unos diez años de edad; no recuerdo exactamente como llegó a mis manos, me gusta imaginar que fue de una forma mágica; solo se que lo leí varias veces seguida de lo mucho que me gustó.
A partir de allí comenzó una especie de manía en mi, la de leer cualquier cosa que tuviese tapa y varias paginas llenas de contenido. Desde algunos de los clásicos de la literatura universal hasta novelitas rosa de Corín Tellado, todo lo que caía en mis manos lo leía con voracidad.
Hasta que una vez una chica me tocó el hombro mientras leía una revista y me dijo, palabras mas palabras menos, que dejara de leer tanto porque iba a perder la razón. Por increíble que parezca esa simple frase me hizo cavilar y terminé viendo como tiempo perdido el dedicado a la lectura, en consecuencia durante varios años ( en realidad demasiados) no volví a tocar un libro.
Hoy día he retomado la lectura, aunque sin la avidez de los primeros tiempos, y ahora se que no fue tiempo perdido.

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